lunes, 4 de agosto de 2008

Retrato de la Dani (lápiz mina sobre hoja de block 27 x 37 1/2 cm)

Retratos de la Nata


Fundamentos filosóficos y metafísicos de la música

I) Tiempos en conflicto: mis tiempos y los de mi alma


Muchas veces al escuchar alguna canción o pieza musical cualquiera que está sea, he pensado en el tiempo, y en como parece oscilar entre dimensiones distintas. De esto, habré de preguntarme cuáles son las verdaderas disposiciones de una manifestación que pareciera escaparse; hablo de la música al momento de ser reconocida dentro de nuestras cabezas siendo comprendida y al mismo tiempo, como cuestión emparentada al alma, divina y aparentemente inalcanzable; cosa, como olor lejano. Mas tarde nos hará bailar y cantar, sintiendo para quienes lo experimentan, un goce magnifico e inexplicable.


Es muy cierto que concebimos a la música como el conjunto de sonidos, es decir, vibraciones que se desplazan en el aire para después ser codificados por nuestro cerebro. Todo esto se sitúa en un momento dado del tiempo cronológico, dentro de un lugar y valiéndose de medios para su propagación. No obstante, de lo recién dicho, da la impresión de estar lejos de encontrarnos con la música acotada tan sólo dentro de esos parámetros. La música debe su existencia a la materialización de la misma, tratando el Cronos de arrancar de nuestras cabezas cualquier posibilidad de existencia de la música como autónoma y poderosa; como Dios en sí mismo. Pero no tan sólo en ese tiempo disfruta de su natural esplendor, si no que también lo hace en un plano al que, me parece, no estamos acostumbrados a pensar, por no replicar que el mismo parece ser inconcebible ante el entendimiento nuestro.


El Cronos ya tiene bastante dominio sobre el campo espectral que constituye la música, siempre recordándonos que es a el a quien la música se debe. No siempre fue así, porque como desarrollaremos posteriormente desde el contexto histórico (hablo del parecer del hombre a lo largo del tiempo cronológico; de su historia y ya no del momento de la efímera eternidad, no reconocido como hijo legítimo de lo musical), que presume cambios en las directrices de orden filosófico a lo largo de una historia versátil en su manera de otorgar la concepción a sí misma, todo a raíz de los hombres de su tiempo, tanto como al tiempo de sus hombres (sus disposiciones histórico – materialistas).


Entonces la música, respetando su inclinación a la existencia, mucho antes que se tuviera entre manos el concepto de la misma, ya parece participar en las cosas de Dios; como diría San Agustín refiriéndose a la eternidad de la misma manera que hemos de sentir que la música participe del Kairos,[1] como el tiempo del espíritu.


La música, parece encontrar su virtud en un campo que no nos pertenece.


Por mucho que un compositor se jacte de su creación, esta parece tener un carácter propio, independiente de su creador, y al mismo tiempo nada mas que ese carácter, al volver a dimensionar las cosas en realidad, realidad a la que se debe, tanto como nosotros, oyentes, debemos su virtud y gracia al tiempo del espíritu; o sea, al Cairos que de forma verdadera se enfrenta a la realidad con tono desafiante y vigoroso, reclamando su patrimonio.


II)

“Si cuando se abre una flor, al olor de la flor se le olvida la flor[2]

Alguna vez me he cuestionado el ¿por qué? estudiar las Artes desde sus primeras manifestaciones pictóricas a partir del paleolítico. Transcurre el estudio mientras asciende mi esperanza por arrancar de las potestades del concepto de arte, una práctica tan pura. Es como si quisiese otorgarle a ésta, su naturalidad más viva y cruda; nada más que aquello que asegurara su incorruptible estado, sin mancharlo con nuestros sistemas lógicos o con la vanidad inaudita de querer racionalizar una práctica mágica como lo era el ritual de las pinturas rupestres, que al igual que hoy, nos permiten desarrollar el encanto de poseer.


Luego aparecen de pronto esos conceptos en el aire, imposibles de sortear mientras caminas hacia la virtud, allá alto donde corre más viento aun. Más tarde se hacen mucho más pesados. Pero de su cara, nada. Solo nos muestran su lado espectral; su sombra, mientras la luz nos calienta la espalda.


¡No! -me parece que la música es otra cosa, así como los poemas no son papel, aun que sintiéndose agradecidos hacia él de todas formas al proporcionarle la prueba infalible de su existencia. Pero en una cosa convendremos: El poema no es y nunca será el papel, tanto como la música no es ley que confine a los gobernados a cumplir. Más bien, aparece como revolución de las formas de Dios. Sus extremidades y potencias que se han arrancado la corteza para mostrarnos su piel tierna o su indómito y brusco movimiento bajo el sol. En efecto, trato de rescatar el acto mismo, considerando que éste es el que disfruta de su gracia verdadera y divina, y no de especulaciones mucho posteriores correspondientes a un concepto tan manoseado como lo es el de arte hoy por hoy.


Si es que la música se muestra tal cual es, con brazos y piernas nuevas, -¿por que no habré de hacer lo mismo para ella?


No obstante, es preciso atenernos a las diferencias estructurales de una práctica que se legitima a través del tiempo y de la historia, como lo es la pintura, y otra como lo es la música, que a fuerza de aromas, casi sin advertencia, revolotea en el aire de mis orejas, las acarician o se meten de lleno en mi corazón. Ya desde este punto, y hasta los sentencias de la física, en donde, de igual manera se mantiene impalpable para los dedos de los ojos (no se ve), sino que en movimiento se mantiene imperceptible hasta palpitar las venas. Ya de frentón, habiendo pasado al otro lado, aún se jacta de su gracia de ser esta una práctica incorruptible en sí misma cuando pensamos en que al momento de ser interpretada una obra a partir de su partitura, ésta no puede ser mal ejecutada por quien o quienes la interpretan; y sólo interpretan (tampoco serán ellos la música). Esto significaría la pérdida de la oportunidad a existir si quiera, en pos de algo primordial pero que de camino, también disfruta de un goce inagotable (La música es mujer en ese sentido; funciona distinto al mundo, pero lo mantiene rebosante de vida y movimientos que no alcanzan a ser muerte).


La música se revela en su deleite dentro de una interpretación, tanto como en sí misma resulta poner de manifiesto su genialidad y sublimes texturas, dentro de una a-temporalidad. Ya desde ese momento nos encumbra hacia la eternidad que la hace brillar. Muy por el contrario, al pintar un cuadro, este puede ser retocado una y otra vez, todo conforme a una convicción y disposición fuera del mismo, al momento previo a su creación. La música, lo hace todo de una sola y definitiva vez. Esto no significa que la pintura no tenga la oportunidad de significar tanto como lo que puede llegar a ser verdaderamente: una obra de arte. No obstante, ésta parece responder a demasiadas exigencias, que habrían de someterla ante otra disposición para encontrar en sí misma su gracia y sentido, por lo que no se nos presenta como algo ajeno a nuestra realidad o inalcanzable, si no, más bien, cautivo con alas.


La música carece de un significado preeliminar a la pieza musical, mucho más que otras artes, en las que se dispone de símbolos, formas y conceptos presentes dentro de la historia, la cultura y el mundo en general, y aun antes de tener significado, la música ya estaba siendo en manos de sí misma, libre y a la deriva entre bosques y montañas.

A veces, podemos sentir que una canción nos evoca algún momento en especial, pero no logramos reconocerlo, por lo que nos dedicamos a esencializar a la misma pieza musical, dándole tenor dentro de nuestro entendimiento y proporcionándole nuestro reconocimiento e identificación a quien abraza nuestro espíritu. He ahí la diferencia.


Por otro lado, es innegable que existe dentro de la música, una dimensionalidad tangible a los sentidos y entendible a través de la física, por lo que no se trata tampoco, de una simple abstracción que se nos presenta como ajena a este mundo. De esto, también veremos que participa dentro de la historia al encontrar un espacio dentro de la Phycis, que nos arrastra nuevamente ante la incuestionable sentencia que mantiene a la música amarrada al suelo; a su sentido otra vez en función del hombre y al componer todo utilizando a la música como herramienta. En esto son igualadas las artes: su dialéctica entre ellas y la sociedad; entre ellas y el hombre.

La música sería en sí misma, su medio y su fin, proporcionado un sustrato mucho menos real a la situación contextual; en efecto, la pintura en este punto, aparentemente resulta ser mucho más política que la música. Tal vez se deba a que una pintura es un objeto dentro del espacio. Puede ser manipulado su significado y significante, dispuestas a cierta función que no la representa, pero que es en el tiempo como fotografía que miran quienes no saben la realidad de las historias. Será por lo mismo, que ésta se encanta mucho más por el mundo y su naturaleza.


La música, si bien se debe a su materialidad hecha instrumentos, interpretación, composición y puesta en escena, pretende llegar mas lejos tratando de escapar como el vapor de la tetera al hervir el agua; parece ser que la música en ese caso, es mucho más que la regulación de una válvula para dejar escapar en mayor o menor medida, al vapor contenido por la tetera. La música tampoco sería el vapor ni el agua; más bien sería algo engendrado entre las disposiciones materialistas y una certeza lejana y divina, algo así como tener un hijo.


Tal Vez lo único realmente político dentro de la música, será algo posterior al acto mismo de escuchar y contemplar con el oído una pieza musical. Luego que ha sido escuchada alguna pieza, habremos de querer poseerla; averiguar sobre su compositor y hasta abanderarnos con él, tratando de cristalizar un fenómeno que ya ha pasado a constituir un hecho social a partir de la función que se le es asignada; otra vez el deseo de poseer el momento y por esto, echar mano al concepto de música y así capturarla de una vez por todas, para reproducirla una y mil veces, tanto para regocijarse, como necesario se hace a nuestra alma. Luego no estamos lejos de asignarle funciones sociales y políticas; se vuelve embajadora de las cosas divinas dentro de la realidad. Pero no puede evitar hechizar a los objetos, al aire y a todos. Así habrían de presentar a la música dentro de rituales, por ejemplo, dentro de las monarquías absolutas, a la gracia del ceremonial, que por medio de la misma, va conformando un ambiente distinto, dependiendo del momento en que nos encontremos. Esos momentos podrían durar para siempre, y de hecho, aún sirven de herramienta para los historiadores en su afán de interpretar las épocas.


Y otra vez pienso en la eternidad. Y es que hay algo en la música que me evoca a la eternidad; al fin y al cabo, ¿que es la música sino nuestra presunción de pasarnos de una dimensión a otra?; ¿que es la música sino, nuestra presunción de ser Dios, aunque nos resulte por un rato no más?...



[1] El Kairos, es la palabra con la que, dentro de la filosofía griega y posteriormente la romana, designan al tiempo en potencia, o bien, la eternidad; en fin, el tiempo del alma. Dentro de la filosofía medieval, el Kairos y la eternidad son atributos de Dios.

[2] Extracto de la canción “Señora” (pista nº 3), del canta autor español Joan Manuel Serrat, dentro de su álbum recopilatorio “Mi niñez” (1970).

lunes, 16 de junio de 2008

Ensayos sobre los espíritus: Espíritu Patagón




Realmente la razón nos está llevando con sigo. Como el caudal más fuerte, el torrente más alto. Y de esto se revisten los grandes poderes virtuales; los grandes gigantes políticos. Claro que sí, si todas estas razones obedecen a la lógica en un solo sentido.

Me parece una ilusión, me parece un agravio al espíritu y a nuestra libertad dejarnos llevar por lo que nos es mas cómodo y provechoso.

Fuimos libres de creer en el ser humano y rechazar el poder absolutista de las divinidades, pero parece ser que de esto no hay nada cierto, ya que seguimos estando a la sombra de algo divinamente superior. Ya no nos postramos ante el, ni ensalzamos su nombre por que en realidad, no tiene nombre, o bien estos pueden ser muchos dependiendo de por donde arremeta de vez en vez. Ya no somos sus esclavos sin embargo actuamos según sus designios.

El poder de Dios esta con nosotros. Se lo quitamos y empezó la empresa colonizadora de los espíritus del mundo. En esto podéis participar todos. La carrera es hermosa, dulce y justa, ya que somos hombres libres de encausar nuestras vidas y hasta nuestra eternidad en pos del poder divino que antes no teníamos a mano y que sin querer pudo colonizar nuestros espíritus. Entonces, creemos un mundo nuevo, un mundo pacifico ya que “esto es el mundo, y yo una persona. Todo lo demás llegó después. El poder se pone entre el mundo y yo”[1].

Parece que ya no habrá nada que perder, no obstante, cuidado que si hay poder de verdad, energía y vida; si hay algo real, eso son los espíritus. No dejan de incendiar nuestros sentidos avivando la revolución en todas sus formas y potencias, y de esto nuestros resquicios de fe en los mismos. De esto el sentido de la vida.

Una vez, fuimos todos juntos. Defendimos su integridad cristalizada en naciones, países o culturas. Ellos no están ahí si no es para volvernos más íntegros. Le dimos nombre, forma y color de hermano a lo mas puro. Trabajamos juntos, ayudándonos. Este poder, por ende, es natural e inherente al hombre, inherente al mundo y con olor a tierra. El hombre le da movimiento, y este los embellece y le muestra como es.

Hace poco viajé hacia el sur de chile, específicamente a la región de Aisen y pude constatar que todavía existe resistencia contra el poder explotador, contra la propaganda capitalista del demonio.

Hoy por hoy existen proyectos hidroeléctricos que de aprobarse, cambiarían una chorrera de cuestiones en la región. Para empezar el paisaje sería otro; ríos cortados, mucho cableado, impacto ambiental que pondría en peligro a la flora y fauna endémica y enormes centrales dispuestas a abastecer de energía eléctrica a las urbes cada vez mas grandes de esta región y del país. Desde otro estadio de la realidad, la idea de estas grandes centrales amenaza el orgullo de las personas que no necesitan de tal progreso. Ellos viven de la tierra que les resplandece y aplaca la sombra del gigante progresista que estabiliza e instaura la monotonía de la comodidad, esa misma a la que algunos llaman “paz de los cobardes”[2]. Aun que tampoco quiero engañarme; mira que de esto su humilde servidor también inca diente; y es que me considero citadino. Acostumbrado a las comodidades y a las bondades del sistema. Entonces será difícil discriminar que es lo mejor, si por un lado, a la llegada de estos grandes proyectos que van de la mano con otros que vendrán en seguida a cambiarles la vida a las personas, se obtiene gran provecho. Se ve bien en un principio que de esto las personas puedan sacar el mayor provecho: mejor calidad de vida, abaratar costos, además de la solución al problema energético por el que pasa Chile. “¿Que mejor?”.

Ahora bien, sería progreso de verdad, si es que no se tuviera que elegir entre la calidad de vida de los ciudadanos y el orgullo de la tierra que se manifiesta a través de quienes apoyan la defensa del espíritu patagón, pero no por la falsa lucha populista que se lidera en campos virtuales creados por nuestras mentes, ni por los grandes carteles con fotos de los maravillosos paisajes, ni la difusión de una campaña que todos apoyan de mentira. Hablo del espíritu de la tierra misma. De las tantas historias de vida de los pobladores. De su esfuerzo y su unión con la tierra pude constatar la enérgica repulsa que existe a la amenaza progresista; la repulsa manifiesta de muchas formas y tamaños, y en este caso en particular, la repulsa a lo que amenaza al espíritu llamado Patagón. Yo sé de eso.

A través de viajes yo me uní a la tierra que me llama, por lo que la siento viva en mí tanto como el sentirme vivo por ella; otro más de mis dioses.

En mí viaje sentí su energía. Me la entregó poderosa y majestuosa. Sentí escalofríos y mucha euforia. Sentí así como los destellos de amor que siento al ver a mi sobrina o tan solo pensar en ella. Puta que sentí…

Me encanta visitar a los muchos espíritus cada vez de diferente forma, como si tuviera una relación diferente con cada uno, y distintos medios de llegar a la esencia misma. Todos estos espíritus te dan energía, energía que irradiáis y que en mezclas infinitas van formando nuevos espíritus. Así no quedarán tan solo en ideologías huecas. Agarran tu olor, y defienden lo que eres, por que a través de tu convicción en ellos, te conformas a ti mismo. Es esta la libertad del ser humano. Con esta idea se promulga le individualidad del hombre, y con esto los derechos humanos como garantía de dicha libertad.





[1] Extracto de la canción “Las Marras” (pista nº 18), del grupo La polla Record, dentro de su álbum “No somos nada”. 1987

[2] Alusión al extracto de la canción llamada “La canción del miedo”(pista nº 3), de Eskorbuto, dentro de su álbum “Los demenciales chicos acelerados”(1988).